Engranaje de sueños

Jordi Navas (Co-autor junto a Cristina Martínez del libro 20 años de Teatro Urbano)

Un sonido de voces, música y artefactos despierta nuestra inquietud. Las calles por las que transitamos se transforman. Levantamos la vista del pavimento cotidiano y tropezamos con imágenes y leyendas. Una neblina nos envuelve y arrastra hacia la aventura errante. Suenan notas, vislumbramos cuerpos, sentimos el calor de un fogonazo. Nuestros ojos ya no nos pertenecen. El tiempo se congela y el espacio que creímos sólido se evapora. Sueños.

Una voz se despide, luces blancas. Vuelven las calles y los edificios. Despertamos, nos restregamos los ojos y comentamos visiones.

Hemos sido cronistas de un engranaje, de una maquinaria precisa donde Miguel Ángel Martín pone la inspiración y la mano, Cristian Moreno articula los procesos y Pablo Ruiz anuncia a los cuatro vientos que Carros de Foc ha llegado o que volverá. Junto a ellos decenas de artistas y técnicos dan lo mejor de sí en cada representación. Y, al final de este camino, de estos 20 años, dos humildes amanuenses dan fe de lo conseguido y se toman la libertad de bucear en las fuentes del relato maravilloso para llenar de historias los sueños representados por las calles de medio mundo.

Hay detrás los espectáculos y personajes de la compañía, cientos de horas destilando en el alambique de la mitología, de la fantasía oriental, del mundo celta, del folklore, de las fábulas y las leyendas. En definitiva de lo que Vladimir Propp definió como el cuento maravilloso. Ciudades de todo el mundo, desde Shangai a Doha, pasando por Suwon, Santiago de Chile, Pilsen, Bucarest, Aurillac, Madrid, Barcelona y su Alicante, se han inundado con esta esencia mágica. Millones de personas de todo el mundo han bebido de una pócima escénica tan potente como la del Druida de Jagul y han sobrevolado con el águila Sophia  el mundo de Carros de Foc.

La fórmula, lejos de agotarse, sigue más activa que nunca y el teatro urbano, con la compañía alicantina a la vanguardia, comienza a impregnar la programación de festivales de música, eventos comerciales, ferias temáticas, desfiles conmemorativos y toda clase de expresiones populares de la cultura, poniendo en evidencia que la fantasía no entiende de pasaportes y su agenda es infinita.